Códice del Agradecimiento Ácido y Verdadero Te agradezco con el mismo veneno dulce con que llegaste a mi vida: sin aviso, sin red, sin cursilería. No viniste con ramos de flores retóricas, sino con un fardo de verdades mal envueltas, con el olor a café recalentado y sinceridad a las 3 a.m. Llegaste pintando de gris mis certezas en technicolor. Donde yo veía un camino recto, trazaste un laberinto y me diste un lápiz para anotar en las paredes: “Aquí te equivocaste. Aquí fuiste ingenuo. Aquí creíste que el amor era un poema, y sólo era un contrato con cláusulas escritas en letra microscópica.” Tu sarcasmo fue el ácido que limpió el óxido de mis ilusiones baratas. Esas frases afiladas, cortantes como cristal roto, que decías con la sonrisa torcida de quien sabe que está dando medicina, no veneno. Apretaste donde dolía y me obligaste a mirar la infección. No hubo algodones, ni paños tibios. Probé el bisturí de tu ironía, preciso y despiadado, abriendo en canal mis autoengaños para sa...
Comentarios